Economía & Negocios

Lo que el color dice: Branding político, percepción pública y lo que las marcas pueden aprender

En plena coyuntura electoral, los colores, símbolos y tipografías de los partidos políticos no solo decoran una papeleta: comunican identidad, propósito y liderazgo.

Business Empresarial.- En plena coyuntura electoral, la imagen de los partidos políticos cobra una relevancia estratégica: no reemplaza las propuestas, pero sí puede definir cómo se perciben. En un escenario donde buena parte del electorado aún se mantiene indeciso o poco familiarizado con los planes de gobierno, los colores, símbolos y tipografías funcionan como atajos mentales que ayudan a diferenciar, identificar y evitar asociaciones, positivas o negativas, con otras agrupaciones. No son elementos decorativos, sino piezas esenciales del relato visual y perceptivo que los partidos construyen frente al votante.

En una cédula de votación extensa y densa, los símbolos con alto contraste visual captan la atención en milisegundos. Esto puede representar una ventaja importante frente a un electorado indeciso que, según Ipsos Perú, puede llegar a representar hasta el 30% del total en los meses previos a una elección. Sin embargo, el objetivo no debe ser únicamente impactar, sino también comunicar: el color, la forma y el símbolo deben estar alineados con los valores, la identidad y el propósito del partido. Un diseño potente no solo llama la atención, sino que refuerza un mensaje coherente y auténtico en la mente del votante.

El impacto del color en política no es nuevo. El rojo, por ejemplo, sigue asociado con liderazgo, energía o urgencia; el azul con estabilidad y confianza; el verde con esperanza y renovación. Sin embargo, en el contexto peruano, la falta de diferenciación cromática ha generado un ecosistema visual homogéneo, donde pocos símbolos logran ser verdaderamente memorables o coherentes con la identidad que pretenden proyectar.

“En política o en negocios, el color es un código que debe estar al servicio del propósito. Si una empresa busca transmitir innovación y sostenibilidad, pero comunica con tonos que evocan rigidez o desconfianza, está generando una disonancia que impacta directamente en su reputación”, afirma Pierina Masalías, CEO de Brandtech.

Pero ¿Qué es lo que pueden aprender las marcas del branding en partidos políticos?

  1. La diferenciación es vital. Si todos los competidores se mueven dentro del mismo espectro de color o mensaje, el público deja de distinguir.
  2. La simplicidad gana. En un contexto saturado de estímulos, los logos recargados, con textos largos o símbolos excesivamente complejos, generan ruido visual y reducen recordación. Es necesario crear identidades que sean concebidas con intención, propósito y coherencia visual. Un diseño hecho “para ayer” puede resolver una urgencia, pero difícilmente construirá una identidad duradera.
  3. El contraste genera impacto. En contextos saturados, los tonos vibrantes y la composición limpia ayudan a fijar identidad con menor esfuerzo cognitivo.

En un país donde los ciudadanos están expuestos a miles de estímulos visuales cada día, la claridad, consistencia y coherencia de una identidad visual se convierten en activos estratégicos. El branding político, como espejo de la sociedad, revela un principio universal: la atención es el nuevo voto, pero en el mercado peruano se necesita pasar a la atención a la acción.

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