Inversionistas: ¿Cómo afrontan el coronavirus?

Escribe: Didier Saint Georges, Managing Director y Miembro del Comité de Inversiones Carmignac.
Business Empresarial.- Tener una respuesta frente al desafío de la propagación del coronavirus es tan inapropiado como presuntuoso (los inversionistas no son epidemiólogos). Pero, la cuestión es ineludible. La incertidumbre constituye la razón de ser de los mercados financieros, que prosperan en un ejercicio permanente de previsión incierta del futuro. Lo que «no les gusta» es el riesgo que no puede cuantificarse, es decir, aquel que, en ciertas circunstancias, podría cambiar por completo de dimensión y escapar a cualquier previsión.
Precisamente, este parece ser el problema al comienzo de una epidemia: la imposibilidad de cuantificar la posibilidad, por minúscula que sea, de que se transforme en una pandemia de alcance mundial. Es el contexto en el que se está produciendo esta enfermedad lo que más importa a los inversores. El fuerte repunte de los mercados de renta variable en 2019 se había visto motivado por una mejora simultánea de tres catalizadores. En primer lugar, el ámbito económico que desde el segundo semestre dio los primeros indicios de una estabilización del crecimiento, en China y Europa. Posteriormente, los bancos centrales reactivaron unas políticas monetarias abiertamente expansionistas. El tercero: la confianza de los inversores, que se benefició principalmente del final de la escalada proteccionista entre EE.UU. y China.
Así, esta tríada experimentó un refuerzo considerable, lo que explica que los mercados de renta variable a escala global registraran una rentabilidad espectacular desde el pasado septiembre. Ella, ahora está situada en un nivel vulnerable. Hasta ahora, la liquidez se ha mantenido totalmente intacta. En cambio, la aparición del virus ha deteriorado el catalizador de la confianza.
Queda el catalizador del crecimiento: lamentablemente, cuanto más eficaz es la actuación de las autoridades chinas para frenar la propagación del virus poniendo en cuarentena a millones de personas, más aumenta en el horizonte inmediato el riesgo de una drástica ralentización económica en China, aunque a cambio de un regreso a la normalidad más pronto.
Así, la cuestión para el inversor no se reduce a cómo reaccionar a la información que le llegará cada día, sino que obedece a una situación compleja de abordar, que amenaza con arrebatar a los mercados bursátiles dos de sus tres catalizadores de rentabilidad. Parece razonable responder aprovechando cualquier retroceso para reforzar las posiciones en empresas con un crecimiento menos vulnerable al ciclo económico mundial y recoger beneficios de manera cautelar en las demás.




