Artículo de la Semana

Resiliencia: La nueva moneda del comercio global

Escribe: Patricio Malone, Services Head, Citibank del Perú S.A.

Business Empresarial.- El comercio global atraviesa hoy un punto de inflexión. La inflación persistente, los conflictos geopolíticos y las profundas lecciones de la pandemia han redefinido radicalmente la forma en que las empresas abordan sus decisiones estratégicas. Lejos de un retroceso, lo que estamos presenciando es un cambio estructural fundamental: la emergencia de cadenas de suministro más cercanas, diversificadas y, sobre todo, intrínsecamente diseñadas para operar y prosperar en entornos cada vez más inciertos.

Este giro ya se manifiesta claramente en los flujos comerciales a nivel mundial. Por ejemplo, entre 2017 y el primer semestre de 2024, China redujo cerca de ocho puntos porcentuales su participación en las importaciones de Estados Unidos, un reflejo del progresivo desacople estratégico entre ambas economías [1]. No obstante, este proceso no implica una ruptura; más bien, la interdependencia global se está transformando y, en algunos aspectos, intensificando. En los últimos tres años, por ejemplo, los flujos comerciales desde China hacia la región de América Latina crecieron más de 30% [2], evidenciando una nueva dinámica de diversificación.

En paralelo a esta reconfiguración, países como México, Vietnam, Taiwán e India han ganado un terreno significativo como destinos de producción y proveedores. México, en particular, se ha consolidado como el principal beneficiado, incrementando su participación en las importaciones estadounidenses en más de dos puntos porcentuales [3]. El mensaje es inequívoco: el comercio global no se detiene, sino que se reorganiza estratégicamente para optimizar su capacidad de adaptación y recuperación ante disrupciones.

Estos resultados responden a una convergencia de factores económicos, geopolíticos y regulatorios. Las empresas, impulsadas por la necesidad de mitigar riesgos, buscan reducir la dependencia de mercados o proveedores únicos, acortar las distancias con sus mercados finales y obtener un mayor control operativo sobre sus complejas cadenas de valor. En este marco, conceptos como nearshoring y reshoring han trascendido su carácter de meras tendencias para consolidarse como decisiones estratégicas de largo plazo, esenciales para construir la resiliencia operativa.

Para el Perú, este nuevo mapa del comercio global representa una ventana de oportunidad única para integrarse con mayor fuerza en las cadenas regionales y posicionarse como un socio estratégico confiable en sectores clave. Sin embargo, la experiencia en otras latitudes de América Latina nos muestra que la relocalización productiva no ocurre por inercia: los flujos de inversión extranjera directa hacia la región se mantienen estancados y aún no recuperan sus niveles históricos, lo que subraya la necesidad de estrategias activas para atraer estas inversiones orientadas a la resiliencia.

Las compañías priorizan de forma creciente a socios capaces de demostrar una excepcional capacidad de adaptación, de responder eficazmente ante disrupciones inesperadas y de sostener operaciones estables en contextos de alta complejidad. Aquí, el sistema financiero emerge con un rol fundamental. Su capacidad para facilitar liquidez, mitigar riesgos y acompañar la expansión internacional de las empresas es absolutamente clave para que estas estrategias de diversificación y nearshoring se traduzcan en inversión real y tangible. Sin un respaldo financiero adecuado que comprenda y apoye esta nueva visión del comercio, muchas de las oportunidades que hoy se presentan simplemente no se concretarían, limitando la construcción de un ecosistema comercial más robusto y resiliente.

El escenario actual del comercio global exige, por tanto, decisiones estratégicas que integren de manera cohesiva la diversificación geográfica, una gestión sólida y proactiva de proveedores, y soluciones financieras innovadoras que acompañen la expansión y adaptación de las empresas. Es el momento de actuar con una visión de largo plazo, entendiendo que la resiliencia y la agilidad no son solo ventajas competitivas, sino que se han transformado en los verdaderos diferenciadores y la nueva «moneda» de cambio en el comercio global que está emergiendo.

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