La banca de desarrollo y su rol protagónico en tiempos de crisis

Escribe: Carlos Linares, presidente de ALIDE.
Business Empresarial.- Por sus características, rol e importancia en todo sistema económico y social, los bancos de desarrollo se sitúan en la primera línea frente a los desafíos que genera una crisis como la que vivimos. En América Latina y el Caribe gestionan activos, dentro del balance, del orden de los US$ 1,3 billones y carteras de crédito cercanas a los US$ 900 mil millones. Los desembolsos anuales en promedio, hasta el año pasado, eran alrededor de US$ 270 mil millones. A ello se agrega 20 % más de recursos canalizados a través de inversiones, fondos de capital de riesgo y administración de fideicomisos.
El panorama para las instituciones financieras de desarrollo y banca pública en general, como instrumentos de política de financiamiento de los países, va a exigir mayores esfuerzos, sobre todo en esta coyuntura. En coordinación con otras entidades públicas y privadas, deben lidiar con problemas críticos, como el incremento de los niveles de desempleo y el cierre de empresas. Hasta inicios del mes de octubre, 34 millones de empleos se habrían perdido por la crisis en la región, según apuntó la Organización Internacional de Trabajo (OIT).
Las políticas contracíclicas eficientes requieren suficiente cantidad de recursos financieros, así como del establecimiento de diferentes formas de crédito contingente y el desarrollo de una rápida capacidad de endeudamiento. Por ello, se hace necesaria la cooperación de la banca de desarrollo con los bancos regionales, organismos multilaterales, así como la coordinación con los distintos agentes financieros nacionales, complementada con la participación del sector privado.
Hoy, los bancos de desarrollo están siendo sometidos a una fuerte presión de demanda de mayores recursos para los sectores productivos y sociales. Así, se observa que en los primeros nueve meses de 2020, diferentes instituciones financieras han realizado desembolsos que ya superan de lejos la cantidad de recursos colocados en 2019.
Como en toda crisis, siempre hay oportunidades para mejorar. Esta vez se presenta la alternativa de vincular nuestras acciones con el desarrollo sostenible. En mayo pasado, Nicolas Stern, autor del famoso Informe Stern sobre la economía del cambio climático (2006), dijo en conversación con el presidente del BID que «La evidencia muestra claramente que las políticas de estímulo amigables con el clima a largo plazo pueden ser muy efectivas y apoyar una recuperación rápida, crear empleos y conducir a una mayor inversión e innovación». Por ello, para los bancos de desarrollo comprometidos con el financiamiento ambiental, esta es la oportunidad de crear una recuperación sostenible. Además, es el momento de articular políticas, planificar y analizar de manera conjunta con otras entidades del sector público, la naturaleza y características de las normas que se plantean para, de esta manera, optimizar el apoyo al sector productivo y las transformaciones.
Ante la creciente preocupación por la ciencia, la tecnología y la innovación, sobre todo en el sector salud, se abre también la oportunidad para fortalecer y ampliar los programas de la Banca de Desarrollo y, de esta manera, apoyar la creación de ecosistemas de innovación y la investigación en salud.
Si bien la presencia e intervención de la banca de desarrollo en el contexto actual toma mayor relevancia por la efectividad de sus acciones de corto plazo, no debe perderse de vista el generar economías más competitivas que adicionen valor y generen nuevas fuentes de riqueza, mediante el incremento de la inversión, el progreso tecnológico, la innovación y la sostenibilidad, que son acciones con efectos de largo plazo.




