Compliance en 2026: Cuando la fiscalización en tiempo real acecha a las empresas
Escribe: María del Carmen Aguilar, Senior Regulatory Counsel de Sovos.

Business Empresarial.- Por años, el compliance fue entendido como una función técnica, concentrada en cumplir con fechas, presentar declaraciones y responder requerimientos cuando aparecían. Hoy, esa visión quedó atrás, porque el verdadero cambio no está solo en las normas, sino en la velocidad con la que las autoridades fiscalizan y en el nivel de exposición que enfrentan las empresas.
En el Perú, la transformación es evidente. La Sunat ha avanzado hacia esquemas de validación casi en tiempo real, reduciendo los márgenes para corregir errores con posterioridad. A ello se suma un entorno donde la trazabilidad de cada transacción ya no es opcional, sino estructural. Lo que antes se revisaba al cierre del mes, hoy puede ser observado en cuestión de minutos.
Pero el panorama no es únicamente tributario. La fiscalización también se ha fortalecido desde la Autoridad Nacional de Protección de Datos Personales (ANPD), quienes han impuesto en 2025 sanciones millonarias por incumplimientos en esta materia. Esto revela que el compliance ahora opera con un esquema integral, conectando lo tributario con lo digital.
En ese sentido, el principal desafío para las organizaciones peruanas no es la norma en sí misma, sino la fragmentación interna. Muchas compañías aún dependen de sistemas aislados, conciliaciones tardías y procesos manuales que dificultan la trazabilidad. Mientras la autoridad consolida información en tiempo real, la empresa sigue intentando reconstruir lo que ocurrió semanas atrás. Esta brecha no solo incrementa el riesgo de sanciones; también limita la capacidad de tomar decisiones estratégicas con datos confiables.
Otro reto importante es cultural. El compliance todavía suele percibirse como un costo o como una obligación administrativa. Sin embargo, en un entorno donde la confianza es un activo competitivo, demostrar control, transparencia y consistencia se vuelve parte de la propuesta de valor de la empresa. No se trata sólo de evitar multas, sino de proteger reputación, atraer inversión y sostener relaciones comerciales en mercados cada vez más exigentes.
El cierre de cada año tributario evidencia errores que se repiten: diferencias entre facturación y contabilidad, correcciones masivas bajo presión, registros en períodos incorrectos o dependencia excesiva de procesos manuales. Lo que cambia ahora es el margen de tolerancia. En un ecosistema digitalizado, los errores no permanecen ocultos; se detectan antes y se procesan más rápido.
Frente a este escenario, las empresas deben avanzar en tres frentes simultáneos: integración tecnológica, fortalecimiento de la gobernanza de datos y construcción de una cultura interna de cumplimiento. La automatización no es únicamente una mejora operativa; es una herramienta para anticipar riesgos, reducir fricciones y liberar al equipo tributario para tareas de mayor valor estratégico.
El compliance en 2026 no es simplemente cumplir con la autoridad. Es gestionar información con la misma inteligencia y rapidez que el regulador. Es entender que la seguridad y la trazabilidad no son barreras al crecimiento, sino condiciones para sostenerlo. En un entorno donde la fiscalización es permanente y la protección de datos es altamente sensible, el verdadero diferencial competitivo estará en la capacidad de anticiparse, no de reaccionar.




