Mujeres en el trabajo: Una brecha que lastra nuestro futuro
Escribe: Alfonso de los Heros, Partner de Bigmond Group.

Business Empresarial.- El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es una fecha para reflexionar sobre los avances conseguidos, y también un recordatorio de que la equidad de género sigue siendo un desafío pendiente en el mundo corporativo y, como no podía ser de otra manera, en nuestra sociedad. Cerrar la brecha de género no es solo una cuestión de igualdad o justicia, sino una decisión clave para el crecimiento empresarial y el desarrollo económico y social del Perú.
Los datos son claros: Según un reciente estudio de McKinsey & Company, las empresas con mayor diversidad de género tienen un 21% más de probabilidades de superar a sus pares en rentabilidad y un 27% más de probabilidad de generar valor a largo plazo. Sin embargo, en el Perú, solo el 13% de los puestos directivos están ocupados por mujeres (OIT, 2024) y la brecha salarial de género sigue en un preocupante 17% en promedio. Esta realidad no solo limita el crecimiento profesional de millones de mujeres, sino que afecta la competitividad y sostenibilidad de las empresas y el país.
ELIMINAR SESGOS
El problema no es la falta de talento femenino, sino los sesgos estructurales que las excluyen de un puesto de trabajo, mejores oportunidades profesionales o inclusive posiciones de liderazgo. Estudios han demostrado que pequeños cambios en los procesos de selección pueden tener un impacto significativo en la teoría de cambio. Por ejemplo, una investigación del BID señala que el uso de lenguaje inclusivo en las convocatorias laborales incrementa en un 43% la postulación de mujeres, y que los mensajes explícitos sobre el compromiso con la
equidad aumentan en un 58% su participación en los procesos. Estas cifras demuestran que eliminar sesgos en la comunicación y la gestión del talento es clave para avanzar en la igualdad de oportunidades.
Pero el impacto de la inclusión de las mujeres va más allá del ámbito corporativo. Diversos estudios de organismos internacionales, como ONU Mujeres y el Banco Mundial, o la propia McKinsey, han demostrado que cuando las mujeres acceden a empleos formales y bien remunerados, los efectos positivos se extienden a toda la sociedad. Se reducen los índices de dependencia económica y violencia doméstica, se generan mejores oportunidades de educación, alimentación y salud para sus hijos, y se impulsa el crecimiento económico de los
países. Un mayor acceso de las mujeres al mercado laboral no solo fortalece su autonomía, sino que reduce la pobreza y mejora los indicadores de bienestar general para todos, hombres y mujeres. Por tanto, no se trata de un juego de suma cero.
INVERTIR EN EL FUTURO
Para las empresas que buscan ser sostenibles y competitivas, la pregunta no es si deben apostar por la equidad, sino cómo hacerlo de manera efectiva. Una cultura meritocrática que abrace la diversidad, políticas de flexibilidad laboral, equidad salarial, procesos de selección sin sesgos y programas de mentoría para mujeres no solo fortalecen la cultura organizacional, sino que garantizan una mayor innovación y rentabilidad.
Ahora que se cuestiona mucho todo lo relacionado a la diversidad, no nos desanimemos y caigamos en la tentación de bajar los brazos o perder el foco en lo importante. La realidad del Perú sigue estando allí, empezando por los inaceptables índices de violencia que cuestan vidas y le pasan una factura al país de cerca de cuatro puntos del PBI cada año. En ese sentido, este es un llamado para abstraernos del ruido y reforzar los esfuerzos para transformar las empresas y, ojalá, desde allí la sociedad y el país. El compromiso con la equidad no merece nuestro silencio o inacción.
Invertir en talento femenino es invertir en el futuro de las empresas y el país, es generar valor sostenible de largo plazo, en un proyecto de futuro donde todos estaremos mejor.




