No hay mayor democracia que la inclusión financiera

Escribe: Max Schwarz, Profesor de la Facultad de Ciencias Empresariales y Económicas Universidad de Lima

No hay mayor democracia que la inclusión financiera

Business Empresarial.- La inclusión financiera es el proceso por el cual se integra a las personas de todos los segmentos socio-económicos con los distintos servicios financieros que ofrece el mercado (no necesaria ni exclusivamente bancarios) permitiendo así una mejora en la calidad de vida de las personas que acceden a ella. Lamentablemente nuestra realidad muestra que en el Perú al 2018 tenemos una de las más bajas tasas de inclusión financiera de la región y donde se confirma lamentablemente la subsistencia de al menos 3 profundas y grandes barreras que frenan o retrasan el proceso de inclusión financiera que actualmente requerimos en la sociedad peruana.

La primera barrera presentada es la informalidad en la forma de operar los negocios y en la forma misma como se conduce la economía empresarial, familiar y personal de los ciudadanos en el Perú donde las transacciones operan generalmente con grandes volúmenes de efectivo circulante que se encuentra disponible en el mercado llegando al extremo de nuestra economía donde 8 de cada 10 dólares se mueven fuera del sistema en una creciente economía de “cash”. A esto se suma la falta de trazabilidad de las transacciones efectuadas y la notable evasión fiscal que esta fuera del alcance de cualquier regulador. En ese contexto el ahorro en el Perú esta principalmente en mercadería y existencia comprada y almacenada con oportunidad de precios y márgenes y un tanto en el tradicional “colchón” pero no en bancos ni en el sistema financiero formal del cual se tiene una seria desconfianza (parte de la cual está ganada a pulso por los propios actores del sistema financiero formal).

La segunda barrera está relacionada con la escasa cultura tecnológica de los agentes de transacción que por cuestiones culturales (y también en cierto grado generacionales) no usan la tecnología disponible para desarrollar las transacciones a un menor costo, con mayor seguridad y menor intermediación relativa. Esto es claramente apreciable cunado se confirma que de 31 millones de ciudadanos peruanos a pesar de haber casi 62 millones de celulares, apenas 5.6 millones de ellos son smartphones y de estos últimos solo 1.2 millones evidencian algún grado de transacción económica electrónica o sea cerca de 3% apenas accede tecnológicamente a una oportunidad de inclusión financiera real. Esto se acentúa cuando vemos que cerca de 80% de las transacciones de compra en portales web solo son utilizados para establecer el contacto pero el cierre de las operaciones es fundamentalmente presencial y mayoritariamente en efectivo de bienes contra cash en forma totalmente fuera de cualquier sistema formal.

La tercera barrera es el alto costo del sistema financiero formal y la falta de oferta inclusiva de carácter masivo por parte de la banca y el sector financiero en general que ha traído como consecuencia una auto-exclusión financiera del ciudadano de a pie. El sistema financiero formal no ha hecho esfuerzos por acercarse y no ha masificado sus plataformas y oferta financiera para incluir a la inmensa mayoría de los peruanos. Actualmente solo un 46% de los peruanos cuentan con una cuenta bancaria pero esa cifra es engañosa pues solo un exagerado 25% de esa cifra hace transacciones reales con ella, el resto lo usa solo para recibir su abono de dinero casi en forma obligada por el empleador o cliente que les genera fondos regulares, un flujo que normalmente retiran íntegramente tan luego les es depositado regresando al tradicional sistema económico predominante de cash. Este drama se acentúa cuando vemos que el nivel de transacciones de los pocos que la usan es principalmente un nivel básico y primario sin mayor oportunidad de acceder a los verdaderos beneficios que la inclusión financiera puede otorgarle.

En ese contexto, surge la necesidad de desarrollar oportunidades creativas de inclusión financiera y promover iniciativas como la billetera BIM (que actualmente no es masiva y lamentablemente tiene muy pocos usuarios) y la transacción con el uso de dinero electrónico (donde aún hoy al 2018 hay muy pocas empresas haciendo transacciones) y el desarrollo de propuestas aún más arriesgadas como las previstas en las criptomonedas con el uso de tecnología blockchain. A esto debe sumarse la necesidad de establecer estrategias piloto para desarrollar experiencias de inclusión financiera con los empresarios creando verdaderas cadenas de suministro fortalecidas con servicios financieros de calidad que puedan ser fomentados por medio de una política pública promotora de incentivos operacionales, tributarios y comerciales que aún en el Perú es inexistente o está profundamente limitada. Esperemos que no se convierta en una nueva oportunidad perdida.

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