Entrevista a Gala García, General Manager de Symborg en Latinoamérica: “LA AGRICULTURA ES UN SECTOR QUE NO SOLO DIVERSIFICA LA ECONOMÍA, SINO QUE LA HACE CRECER”

En el contexto de la pandemia del Covid-19, donde se ha dicho que la agricultura será un sector importante que contribuirá a la reactivación económica del país, y de acuerdo con el Banco Mundial, el Perú es uno de los países con mayor crecimiento del empleo agrícola en América Latina; por lo cual los distintos actores del rubro deberán mantenerse al día con las innovaciones tecnológicas y así seguir creciendo de forma sostenible, alimentando y generando trabajo para más personas.

Gala García, General Manager de Symborg en Latinoamérica

Business Empresarial.- El crecimiento de la agricultura en el Perú en la última década ha sido robusto a un ritmo de 3.3% anual y ha permitido que muchos productos peruanos sean competitivos en los mercados internacionales. ¿Usted cree que es importante incidir en la productividad con estrategias diferenciadas?
Sí, yo creo que es muy importante diferenciarse, en todo, y más cuando se habla de agricultura. Perú ha conseguido hacerse un espacio en los mercados, no solo por el momento en el que sale su fruta (llegan en ventanas donde no hay fruta en otros países como la uva, el arándano o la palta), sino también porque ha sabido diferenciarse y buscar nichos distintos como por ejemplo el cultivo orgánico y de calidad. En Symborg, por ejemplo, apostamos por diferenciarnos del resto de productos para la agricultura, y eso ha sido base de nuestro éxito, de hecho hemos crecido a un ritmo similar al de la agricultura peruana. Decidimos trabajar con cepas diferenciadas, con eficacia demostrada, las patentamos y así conseguimos incrementar las cosechas, maximizar los potenciales y hacerlo desde una visión mucho más sostenible y para todo tipo de agricultura (convencional, intensivo, orgánico o tradicional) y eso es diferenciarse.

¿Cuál es su opinión con respecto al crecimiento del sector agrícola que ayuda mucho a diversificar la economía y reducir la dependencia en las industrias extractivas no renovables?
Como decíamos anteriormente, Perú y su agricultura han crecido mucho en los últimos años y eso va a seguir así porque cada vez somos más bocas que alimentar, y nos gusta alimentarnos bien. Además, el concepto de agricultura está cambiando. Hace unos años, hablar de agricultura era hablar de agotar los suelos, ahora es distinto, ahora se piensa en producir de forma más sostenible, en cuidar lo que tenemos. Son cada vez más los clientes que quieren ocupar nuestra biotecnología pensando en producir más, pero sobre todo en hacerlo mejor, en cuidar la vida del suelo y que este sector se reinvente y pueda ser sostenible por muchos más años. Todas las industrias son necesarias, eso es obvio, pero si algo nos ha enseñado esta pandemia, es que la agricultura lo es más, porque necesitamos alimentarnos, y cada vez vamos a necesitar hacerlo más y mejor.

El sector agrícola ha sido y seguirá siendo un motor fuerte que da impulso a la economía nacional peruana, ¿cuáles son las nuevas soluciones biotecnológicas para los cultivos de nuestro país?
La biotecnología en general es una solución que está cambiando y la agricultura también. Desde hace un año venimos trabajando con Glomus iranicum var Tenuihypharum, nuestro hongo formador de micorrizas (MycoUp y MycoUp Activ) aquí en Perú, y ha sido capaz de maximizar el potencial de cultivos como uva, palto y arándano, adaptándose a los manejos de los fundos y ayudándoles a mejorar la producción y la calidad de sus cosechas en las condiciones más extremas e incluso en los suelos más complicados. Pero no solo nos quedamos ahí, buscamos otras alternativas necesarias para los suelos de Perú, como son nuestro regenerador de suelos, MBB10  o nuestra Trichoderma Harzianum T78, todo con cepas muy diferenciadas y capaces de aportar la vida que los suelos tan pobres como los del Perú necesitan. Estas herramientas han sido clave para la agricultura peruana, ya que muchos productores preparaban microorganismos pero sin tener muy clara la eficiencia, la limpieza y finalmente eso es lo que aporta al suelo, y el alimento o producto generado, servía para alimentar a los microorganismos benéficos o a los patógenos. Gracias a la biotecnología, hoy se le da a los productores unas alternativas eficaces, terminadas, estables y que les ahorran tiempo y personal, apostando por la seguridad de los productos y por la productividad de sus equipos, que ya no tienen que preparar, macerar, alimentar y generar productos que finalmente no saben que contienen y como de vivos están cuando se aplican. Este año con la incorporación de BlueN, queremos dar un paso más en llevar estas soluciones biotecnológicas a la agricultura del país. BlueN es una bacteria que fija nitrógeno del aire y aporta parte del nitrógeno que la planta necesita, lo que permite que el productor fertilice de forma natural, biológica y continuada. Esta herramienta cambiará la agricultura del país, no solo en la agroindustria, sino también en el cultivo más tradicional, ya que el objetivo es que pueda ser aplicado a todos los cultivos, y permita llevar la innovación a sectores que hasta ahora no han utilizado tanto estas herramientas.

LA AGRICULTURA ES UN SECTOR QUE NO SOLO DIVERSIFICA LA ECONOMÍA, SINO QUE LA HACE CRECER¿Cuáles son los logros obtenidos del hongo patentado que trabaja sobre los cultivos de una forma 100% sostenible con el medioambiente?
Glomus iranicum var. tenuihypharum es un microorganismo vivo que trabaja junto a la planta durante todo el ciclo del cultivo dándole una mejor nutrición y obligando a la planta a hacer más actividad fotosintética para alimentarse, promoviendo más raíz activa durante todo el ciclo, incrementando la fijación de carbono de la planta y otorgándole una mejor condición y un mejor balance hormonal en función de sus diferentes etapas. Glomus iranicum var. Tenuihypharum presenta los siguientes beneficios para los cultivos:
– Aumenta la tolerancia de las plantas a condiciones de sequía y alta salinidad, por lo que se integra perfectamente a los protocolos de fertilización de la agricultura intensiva (no es necesario reducir el fósforo).
– Estimula la evolución y crecimiento del sistema radicular, a través de la producción abundante de micelio extramátrico (red de filamentos, generados por los hongos), lo que mejora la capacidad de la planta para absorber nutrientes y agua, haciendo más eficiente el uso de abonos y recursos hídricos.
– La continuidad radicular no se rompe, abarcando mayores volúmenes de suelo, lo que optimiza el transporte de nutrientes hacia la planta y reduce el coste energético de su alimentación.
– Mejora la estructura del suelo y estimula la población microbiana de la rizosfera.

Todos estos beneficios dan como resultado una mejora significativa del tamaño y la calidad de los frutos y también aumentan la producción por planta.

La demanda de alimentos crecerá de forma exponencial en nuestro país y seguirá creciendo en los próximos años. ¿De qué forma los productores podrán incrementar sus cosechas?
Yo siempre digo que el futuro de la agricultura está en los suelos de hoy, y que si los productores no solo nos preocupamos, sino que además nos “ocupamos” en hacer una agricultura mucho más sostenible. Conseguiremos incrementar las producciones durante más tiempo y alimentar a una población cada vez más grande. Para seguir produciendo e incrementar las producciones, debemos cuidar ahora de quien nos provee y nos proveerá de nuestra alimentación diaria: El suelo. Es sumamente importante mantener un suelo vivo y sano. Y hablo de cuidar a “quien” te provee porque el suelo no es un elemento estático, sino un ecosistema vivo y dinámico. En él encontramos materia orgánica y seres vivos de todo tipo, desde animales, que pueden observarse a simple vista, hasta microorganismos que, aunque no los vemos, son protagonistas de la magia que ocurre en la agricultura. Sí, los microorganismos son los compañeros ideales en el proceso productivo, ya que son capaces de transformar la materia orgánica y mineral, mejorar la absorción de agua y nutrientes, controlar plagas y enfermedades y proteger al cultivo en sus distintas etapas productivas. Por eso la mejor manera que tendrán los productores de incrementar sus cosechas en hacer manejos que NO destruyan los suelos y preocuparse por revitalizar y mitigar los impactos que la agricultura tiene en los mismos.

¿Cuáles son las herramientas basadas en la innovación y en el conocimiento científico y agronómico que ayudará hacer frente a los retos productivos y medioambientales?
No te puedo hablar de todas las herramientas, porque cada vez son más las empresas que se suman a estas líneas de trabajo, y que han cambiado su componente “químico” para empezar a preocuparse por el medioambiente. Hace 10 años, cuando nosotros partimos con la misión de hacer una agricultura mucho más productiva y sin que supiese un riesgo para el medioambiente, la gente nos llamaba locos. Hoy, parece que el loco es todo aquel que no tiene el objetivo, por lo que creo que sin duda cada vez habrán muchas y más herramientas para asumir estos retos. Desde nuestro punto de vista, y en lo que estamos trabajando, es buscar herramientas que ayuden a mitigar el cambio climático (que es y será uno de los grandes problemas de la agricultura), que palien los efectos de la escasez de agua, que aporten fertilización a los cultivos sin tener que conllevar una gran carga química para las plantas y para los suelos, y que permitan hacer una agricultura mucho más rentable de forma sostenible. En Symborg estamos convencidos de que en la próxima década va a haber una revolución en la forma en la que se hace agricultura en el mundo. Hay muchos microorganismos que van a cambiarlo todo. La respuesta está ahí, en la naturaleza, sólo tenemos que encontrarla.

¿Realmente la innovación será el mejor aliado de la agricultura del siglo XXI?
Nuestro director, Jesús Juárez, siempre ha repetido la frase de que “la mejor forma de predecir el futuro es crearlo” y sin duda, el futuro de la agricultura está en la innovación y nosotros llevamos 10 años creando eso: “INNOVACIÓN”. Para que la innovación suceda no sólo debe haber productos innovadores; también agricultores innovadores dispuestos a usarlos para mejorar. Nos retroalimentamos unos a otros y somos todos necesarios. También incluyo en esto a la investigación y colaboración público-privada, entre asociaciones o incluso con las propias empresas productoras. La innovación es cosa de todos y para una agricultura más sostenible, sobre todo de valor en Perú, es importante apostar por la colaboración público-privada; sin duda, un binomio estratégico en el diseño de la agricultura del siglo XXI. Precisamente por eso, toma cada vez más importancia los departamentos de investigación y desarrollo interno de las compañías, con los que el trabajo y la colaboración se hacen claves para llevar los desarrollos al campo y mostrar que un trabajo conjunto y medido, hace posible que esa “innovación”, la que uno ve en los papeles, es viable llevarla a campo. Que la biotecnología se convierta en una alternativa real para hacer una agricultura más rentable y sostenible. Y es que, en realidad, todos los agentes implicados en el reto de diseñar la agricultura del siglo XXI compartimos necesidades. Soluciones para afrontar el cambio climático, producir utilizando menos agua y haciendo un mejor aprovechamiento de esta, buscar la aplicación de menos productos químicos a los cultivos, tener una visión enfocada en “mejor prevenir que controlar enfermedades”, buscar variedades resistentes a las condiciones y analizar cómo pueden verse impulsadas por nuevas tecnologías. ¿Y cómo llega todo este trabajo a los campos de los productores? Gracias a la innovación en terreno, a las pruebas de campo, a los acompañamientos con los productores durante todo el ciclo del cultivo. Lo que en Symborg llamamos “innovación aplicada” y que la sentimos fundamental. Muchos productores vienen a pedirnos consejo, a consultarnos por nuevas herramientas del mercado, y nosotros hacemos todo este trabajo para mostrarles que se puede. Es importante que encuentren soluciones validadas en sus condiciones y aplicadas a sus realidades. En los retos de la agricultura moderna, es habitual escuchar que el sector agrícola tiene que reinventarse. En este cambio, la innovación es importante y que el agricultor/productor apueste por ella también.

Finalmente, ¿usted cree que la agricultura puede ser sostenible y rentable al mismo tiempo?
Sin ninguna duda, no es que pueda, sino que tiene que ser así.  Por ejemplo, ¿sí se puede conseguir una mayor cantidad de cosecha utilizando el mínimo de recurso de suelo y agua? ¿No lo haría? o ¿Si se puede disminuir el uso de nitrógeno incrementando la toma natural por parte de las plantas? ¿No lo haría? Se puede y tiene que ser así si queremos producir más y mejor. Desde el punto de vista de la productividad, es necesario incrementarla para alimentar al mundo, pero sin duda debe ser de forma sostenible y con productos que permitan no degradar los suelos. Un ejemplo de que este planteamiento, lejos de una quimera, es perfectamente viable, es un trabajo que realizamos con el INIA de Amazonas, gracias a Glomus Iranicum, incrementamos la producción en un 15% con un mismo programa de fertilización y una misma variedad, pasando de 7.350 Kilos por hectárea a 9.280 kilos por hectárea de arroz. ¿Imaginas poder hacer eso con toda la superficie productiva de este planeta? El resultado sería ser más rentables sin que eso suponga un mayor agotamiento o desgaste del suelo, sino simplemente un mejor aprovechamiento de lo que ya hacemos. Desde el punto de vista de la sostenibilidad, la innovación es el mejor aliado porque permite al productor contar con productos que sin ninguna aportación química sacan el máximo rendimiento de la planta. El liderazgo, en esta línea, lo están asumiendo productos como BlueN, el primer biofertilizante de nitrógeno de máxima eficacia del mercado. Sus resultados están marcando un antes y un después en la forma en la que la planta puede obtener naturalmente del aire hasta el 40% del nitrógeno que necesita. Esto se traduce, entre otros beneficios, en una menor degradación del suelo y de la contaminación de los acuíferos. Asimismo, en la zona de Chiclayo, se ha probado BlueN en maíz, donde se consiguió reducir el fertilizante químico en un 30%. O, dicho de otro modo: aplicamos 80 Unidades Ferlizadoras de Nitrógeno, lo que equivale a 240 kilos de Urea, y produjimos lo mismo. Estos ejemplos, más allá de productividad, nos hablan de sostenibilidad. ¿Cuánta energía ahorramos en la fabricación de la Urea? ¿Y en su transporte, almacenamiento y aplicación? Sin duda, reducir el consumo de este tipo de productos contribuye a cuidar el planeta, obteniendo igualmente buenísimos resultados. Si somos capaces de producir más por menos, estamos hablando de un futuro con máxima rentabilidad. Tenemos, por lo tanto, dos caras de la moneda y debemos hacerlas compatibles. Necesitamos un suelo vivo que alimente al planeta respetando al planeta. Creo que es una responsabilidad compartida entre todos nosotros, respetar el medio ambiente. Lo es para apostar por una economía robusta y sostenible y lo es para cuidar de las personas.

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